
Mírame sin nombre, sin rostro
mírame bien, mientras tocas la guitarra,
a la que le arrancaré las cuerdas
para atarte a la cama.
Mírame bien cuando te asalto
en oscuros portales de vieja madera,
mientras gozo deslizándome por tu vientre
y tus manos descubren mis mares.
Mirarte cuando me deslizo por tus dedos
agárrame del de cuello mientras me arqueo
baja despacito, recorriendo mi torso
hasta clavar tu nariz en mi ombligo.
Mirarte, ver como te pierdes
entre los pliegues de sábanas oscuras
tallando dulces cicatrices
a golpe de placer.



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