La luna nunca paseó en el salón que jamás compartimos
nuestras formas no se acoplaron entre si, formando un único ser
ni pudimos degustar el dulzor que desprendían nuestros cuerpos
ni beber de las aguas saladas que emanan entre nuestras piernas.
Jamás llegaste a oír el desgarro de mi grito transformado en placer,
nunca llegamos a trotar como dos corceles desbocados
animales enroscados entre si, deseosos de los mejores placeres.
Mi piel nunca llegó a ser parte de la tuya, cubriéndote, calentándote
como una cálida manta en el frio invierno.
Tus manos no llegaron a perderse en la inmensidad de mi ardiente deseo,
ni tendremos que recordar las sábanas remolineando a nuestro alrededor,
enroscándose en nuestros cuerpos unidos por una loca pasión
emergente de una estúpida situación.
Tú voz temblorosa, dulcemente excitada, brotando de húmedos labios
besando toda nuestra suave piel, dura, erecta,
buscando refugio en las moradas del otro, ansiando una y mil noches perfectas
con orgasmos y gemidos viniendo como cascadas.
Así nunca fue la noche que no tuvimos.



Tampoco respiraste su aliento ni llenaste tu boca de su sabor, ni cada centimetro de tu pie fue probada por el. Todo tu ser, llena, colmada por el. Como dice Aute "mojándolo todo"
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